EL ARTE DE GRACE

EL ARTE DE GRACE
El Mandala que te libera, vete con él clickeándolo

sábado, 6 de octubre de 2012

ObituarioBlog

Yo no quería  que este bloguito con pretensiones de delirantes mates trasnochados se transformara en un gigantesco obituario, pero parece que así es nomás. Hay veces que las cosas hacen lo que ellas quieren y se nos escapan a hurtadillas de nuestro control, tal vez por eso del inconsciente que fluye libre cagándose en todo lo demás.
Andaba con ganas de postear algo de la Maravilla que nos contiene a la que llamamos Universo, unidades astronómicas de cuánticas energías que convergen desde fascinantes estudios aglutinados en la Física Teórica. De hecho es lo que ahora me está dando sentido.
Sentido encontrado desde aquél inolvidable atardecer en que se me fué revelando lentamente detrás de la brumosa llovizna como en un sueño (que sí había soñado) el hermoso edificio del Museo de Ciencias Naturales, lleno de gatos en pleno Parque Centenario. Esos derroteros que te transcienden y te re-ubican en la espiral correcta.
O postear algo de la sensación incomparable que produce meterse en una cueva a escuchar Jazz en vivo, sin las artificiosas producciones marketineras ó las poses militantes de otros estilos musicales.
Pero las cosas se suceden tan rápido, que a veces trascienden tu propia trascendencia...la que al final se te va quedando algo olvidada. 
Y entonces viene de repente la puta noticia de la partida del Flaco Spinetta ("queríamos tanto a Luis Alberto...."), otro intento de suicidio de mi hermana luego del fallecimiento de su pareja (se le repite la historia), dos tornados que arrasaron con todo y que mataron tantos árboles, que se fué el negro Caloi que tanto me divirtió con su Clemente durante mis años de adolescencia y que más tarde me fascinó con "Caloi en su tinta", que Bradbury de las Crónicas Marcianas, que el talentoso Jorgito Luz (y los 5 Grandes que aún hoy me maravillan como lo hacen Los 3 Chiflados), el Osvaldo Fattoruso que se tocaba todo desde Los Shakers, que la Chavela Vargas (la que cantaba amarguras sin ser amargas) y Alberto Nery mi vecino ocasional (Quincho y Pileta) al que soñé luego de muerto despértandome perplejo de un sueño surrealista con tintes de cargo de conciencia, que Jon Lord que hizo Deep Purple que tanto siempre me gustó. Y nunca voy a misa salvo hace unas semanas atrás para recordar en cuerpo ausente y alma presente al pintoresco y querible Armando, amigo de Grace. Y un compañero de laburo asesinado y otro muy íntimo de cuando laburé de noche que se lo llevó una puta enfermedad en menos de un mes y medio. Y el dolor inmenso del Beto Badía que lo sigo escuchando casi todas las noches en su webradio como lo supe escuchar en mis años del secundario, estudiando y metido en la cama en mi cuarto, en una radio de AM.
Y es así como vos también te vas muriendo un poquito. Como cuando desapareció Blackito (al que le curé el ojo surcado por un rasguño producto de reyertas gatunas) igual que desapareció el Naranjín (gato de algún vecino) al que últimamente se lo veía enfermo.
Hasta que te toca todavía más de cerca y ya te morís un montón....como en ésta tarde, en que se fué el Negro (Gordo Trolo como me gustaba apodarlo, por lo grande y cariñoso que era). Se fué, al menos llegué a casa a tiempo para despedirlo y despedirme.
Y retornan todas esas sensaciones de mierda que creíste haber olvidado, y ese vacío que no se llena de estrellas ni de galaxias ni de energía ni de partículas ni de anti-partículas, ni de otros universos y dimensiones a los que querés imaginar que todo lo que vivió en éste se va de alguna manera para allá.
Pero no, después de una calurosa jornada, en ésta trasnoche solo se hace presente la lluvia para asentar la tierra de su tumbita.
Y asentar también como una irrevocable sentencia el dolor de su ausencia.
Alguien podrá decirme: ¿tanta historia por un gato, por una mascota?
Y sí loco, la vida no tiene jerarquías. Toda existencia que se esfuma merece el respeto por el solo hecho de haber existido.  
Y si formó parte de tu vida además se merece tu amor.









        LUZ, LUZ, LUZ
   

miércoles, 14 de diciembre de 2011

3 Marías3 (Apunte Astronómico)


Mintaka, Alnilam y Alnitak, ellas son Las Tres Marías. De pequeño me las enseñaron y nunca creí que volviese para estudiarlas 50 años más tarde, para aprender a ubicarlas en el mapa del cielo, y verlas a través de un telescopio.
María mi Vieja, María mi Tía Loca, María mi Psicóloga. Vaya desfile de Marías.
Vaya el cielo estrellado que se torna protagonista y se descuelga de mis abstracciones filopoéticas para desplegárseme con toda su realidad frente a mis ojos.....justo ahora que no empiezo a ver un carajo y que necesito anteojos cada vez con mayor asiduidad. Tendré entonces que volver a intuir nuevamente.
Tendré que volver a estudiar y a aprender. Que la realidad tiene múltiples formas y la belleza también.....

jueves, 18 de agosto de 2011

Doble Epitafio


De que se trata.


Te das cuenta de lo qué se trata?
De olvidar el dolor, de tratar de olvidar el dolor.
Pero éso es imposible, el dolor jamás se olvida. No más lo tapás. Tratar de cubrirlo y de que desaparezca, al menos por un instante fugáz. Pero éso. Solo éso.

Luego la realidad, la verdadera naturaleza de la existencia.

Un desgarro permanente, una ilimitada crueldad. Un sinfín de ambiguedades convergiendo en extático vacío.

Luego La Nada. La Nada.

Por el tránsito devenir del sufrimiento hacia el hueco helado de la futilidad.

Sólo el dolor se comparte, en un temblor frágil y desesperado.

En un inconsolable eterno llanto. Sin remedio.

Sólo el dolor se comparte y la esperanza es una mentira que paso a paso engaña para no caer en ése omnipresente hueco donde se deshacen las imágenes que solemos ser.

La imagen que te devuelve el espejo es la única real, tu carne es la mentira.
Que todo se transforma, pero lo que era deja de ser. Se desvanece en el proceso de la transformación. Los destellos fugaces de tu pensamiento sólo son éso: destellos en la nada.
Y la Eternidad?... Cobijará tu deshecha imagen en el nicho abismal del olvido.

Somos olvido.

El insoslayable Dolor de la impermanencia nos acecha insoportablemente.

Por éso tratamos de olvidar.

Todo se trata de olvidar el inolvidable sentido de la existencia: que jamás hemos sido, que no somos y nunca seremos.

Que el sentido de la Existencia simplemente no existe.
Olvidar...cómo olvidarse del abrazo compartido en el dolor?

Cómo olvidar el dolor...?

MAYO / 2000

a J.M.

( José (Pepe) Mauri : compañero de trabajo.

A propósito de la muerte accidental de su hijo.)


Pepe - in memory -

A tu recuerdo, Pepe.
Ésta copa de vino, ésta comida, éste almuerzo de las tres de la tarde y la escucha al mediodía de algunos tangos en la voz de Julito Sosa. Te los dedico a Vos, viejo compañero de laburo.
Así están las cosas ahora, así estuvieron ésta mañana cuando me enteré de tu partida.
¡La pucha! ...otro que se va con el overol puesto...
Éste flan con crema, éste café de jarrito que me ayudan a continuar subsistiendo para recordarte de aquí en más: te los dedico.
Veinte años no es nada; treinta años son mucho más de ésta nada que nos va envolviendo lentamente.
Al menos Vos tenés quienes te mezcan en su cariño.

Y del otro lado a tu hijo, que ya se alegra viéndote llegar.


5/8/2011


viernes, 24 de junio de 2011

Dedicado a Verónica - Gian Franco Pagliaro


Que bien que resume toda esa terrible zozobra de aquellos años de mi adolescencia. Y las cicatrices que nunca cierran.... De paso bajamos algo de línea.

martes, 21 de junio de 2011

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Las bestias tambien tienen sensibilidad musical....


Un zahumerio para John Bonham, a 30 años de su muerte.
Con Él también se murió definitivamente Led Zeppelin.
(El mejor baterista y el mejor grupo de rock´n´roll del mundo)

miércoles, 7 de julio de 2010

Blues para Raúl

Raul era el nombre de mi "amigo invisible" de la infancia.
También era el nombre de un compañero del secundario (el que imitaba al Gallo Claudio de los dibujitos de la Warner).
Pero al Raul del cual quiero hablar, lo conocí entre estas mismas paredes, creo que él fué de los últimos en venir de la antigua fábrica cuando la mudanza. Fue a principios de los `80 y luego se incorporaría finalmente al turno noche. Era el único mecánico que compartía un coffee-break junto con Jorge y conmigo, los únicos electricistas del turno, en el banco de trabajo que teníamos contra una pared a mitad de la nave central de la zona de producción, que por aquellos tiempos no había porque el turno noche estaba destinado al mantenimiento. Supongo que hubo una afinidad intelectual e ideológica entre nosotros, sobre todo con Jorge (que lo estimaba mucho) ya que tenían la misma edad y ambos vivían en capital, y conmigo por supuesto, porque generalmente charlabamos sobre temas tal vez no demasiados afines al resto de los demás compañeros.
Raul era medio cinéfilo y había estudiado algo de cine.
A Jorge le apasionaba la fotografía (además de las motos y de los largos viajes turísticos en moto) y como todo lo que hacía, lo había encarado con un gran profesionalismo.
Yo por aquellos días también estuve haciendo cursos de cinematografía y como Raul vivía en el centro, fué cuando me consiguió la moviola, que por estos lares era impensado conseguir. Gracias a esa moviola vi las primeras pelis en Super 8, de las que recuerdo muy bien a "Perros de Paja" con Dustin Hoffman.
En esas charlas de descanso fabril, surgió la idea de ilustrarle un cortometraje al que Raul le había hecho el guión basado en un cuento corto de Edith Araño Camps, que no había podido filmar no sé porqué motivo en sus prácticas de cine, así que me ofrecí a hacerle una especie de Storyboard en forma de historieta: fue una experiencia gratificante para mí, ya que adquirió sentido mi aficción por el dibujo y por el cine; creo que fué la única vez que encaré todo ello con una especie de profesionalismo muy emocionante, porque significaba un sentido práctico compartido con personas afines.
Luego vendría su interés en la computación, cosa que yo por mi carácter reaccionario y tradicionalista ("los de cáncer somos así, un poquito reaccionarios..." como bien me lo dijo el abuelo de la señora de Jorge la vez que lo conocí y única vez que lo ví: al poco tiempo fallecería) digo que veía con sospechosa paranoia todo esto de la informática: por "eso" de la sociedad controlada por tecnocrátas y del consumismo dirigido a los cachivaches de última generación, y de la superficialidad reinante que nos forzaba (y nos fuerza) a alejarnos de un fin más trascendente en la vida. Así y todo aunque suene ampuloso.

A pesar de sus estudios y de su oficio de mecánico, Raul se convirtió en un experto en informática y abrigó con igual pasión a la vieja y querida transmisión radioeléctrica, o sea, se convirtió en un experto radioaficionado. Para vocalizar con eco sus radiotransmisiones fué que me compró un efecto Zoom para guitarra, que a mí no me gustaba demasiado y que a Él le vino como anillo al dedo.

También recuerdo haberle obsequiado una alarma casera, que yo no usaba más, cuando le entraron al depto a robar luego de haberlo dormido con un gas (era la época que dormían a los moradores, para robarles, con gas a través de las cerraduras o por debajo de la puertas ó por ventanas entreabiertas). Aunque las malas lenguas siempre dijieron que en realidad se había llevado una mina al bulín y fué ésta la que lo anestesió con una droga para luego abrirle la puerta a sus cómplices malvivientes.

Había dispuesto su vida para hacer lo que quería y así lo hizo.

Tuvo un progreso lógico e importante dentro de la fábrica y a pesar de su carácter algo parco y tosco, no desmereció para nada a su inteligencia. Quedó como supervisor a la noche junto a Pepe, su entrañable compañero mecánico.
Jorge al poco tiempo de casarse, pasó al turno diurno y luego fue ascendido a supervisor de laboratorio y finalmente años después, mas vale tarde que nunca, se recibió de ingeniero.
Yo luego de 25 años pasé también al turno diurno y perdí contacto con Raul, aunque sabía que debía de transcurrir su días como siempre, sin grandes alteraciones en su vida de soltero de depto capitalino, rodeado de sus chiches. Tal vez esa inacción, esa comodidad sazonada con el trastoque del reloj biológico alterado por el trabajo nocturno, ese sedentarismo de departamento, ése edicto de fumador crónico, le jugó en contra (a pesar que por lo menos hubo un tiempo en que salía a correr) cuando se manifestó su primer ACV, que le inmovilizó una de las piernas pero del que se fué recuperando lentamente.

Raul era un tipo grandote de anteojos y de hablar pausado, oriundo de Santa Fé, con cierta ironía muy particular. Recuerdo por ejemplo cuando recién salieron los Fabulosos Cadillacs con el tema "Mi novia se cayó a un pozo ciego", se despachó con un "No sé que le ven de "fabulosos" a esos pelotudos". En contraparte, el tema que más le gustaba de Soda Estéreo era "Corazón Delator", vaya uno a saber porqué secreta resonancia, tema que inspiró a Ceratti la lectura del cuento de Poe- otra casualidad: el músico fué víctima también de un ACV.
También solía decir sentenciosas frases como por ejemplo aquello de "Ya vendrán tiempos peores" cuando nos quejábamos en las charlas sobre el derrotero que estaba tomando la vida sociopolítica del país, o aquello que escuché por primera vez de Él y que siempre me causó gracia, que a su vez era una sentencia que le había dicho un compañero de otro trabajo con respecto a las mujeres : "La mujer que no coge, vuela" (luego completada mas tarde no me acuerdo por quién con aquello de: "Y a la que vuela, se la coge Superman"), y Yo preguntándole que querés decir con eso, y Él con su contundente parsimonia, respondiéndome con otra pregunta para explicar el dicho: - ¿Y viste alguna vez a una mujer volando?: ¡ y bueno entonces...!
Y fué una de sus tantas frases que solía decir, la que lamentablemente se le hizo realidad (porque tal vez El que predica, inconscientemente realiza), cuando otro entrañable compañero, que me puso al tanto de su últimos momentos, la recordó con amargura: "El hombre soltero vive como un Rey, y muere como un perro".

Raul, Raulito, fué un tipo bonachón, a pesar de su carácter algo rayado, que decidió hacer de su existencia lo que mejor le parecía, sin rendirle cuentas a nada ni a nadie. Tal vez no tuvo demasiada suerte en otras cosas, quién sabe. Sé que tuvo parejas, tuvo sus sobrinos, hijos de su hermana de la que según me enteré se había peleado hace tiempo y ya no se veían, lo que evidentemente lo dejó librado a su suerte cuando en su casa tuvo otro ataque.


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No sé porqué me salen necrológicas, será que uno se vuelve viejo y lo que lo rodea se va desvaneciendo, ó porque siempre tuve presente éso de la finitud del ser y de su intranscendencia.
Y porque uno tiene de alguna manera que exorcisar todos esos fantasmas pelotudos que lo vuelven a uno todavía más pelotudo.
Por eso éste humilde recuerdo se llama "Blues para Raul", porque ha sido muy triste como se fué, casi tan solo como vivió. No voy a caer en la sentencia trillada ésa de que "donde quiera que esté espero que esté mejor", porque todos sabemos que es mentira.
Quién sabe, quizás en la próxima nos reencontremos, para deshacer lo que hicimos mal en esta vida. Ó tal vez no.
Y mejor aún: tal vez no haya próxima vez.


A Raúl Osvaldo Alcorta
1953-2010

Nota: las páginas son originales del laburo conjunto que hice con Raúl. El título parece ser premonitorio viéndolo ahora, pero en todo caso es aplicable a cualquier circunstancia. En la segunda hay un guiño: en la escena del bar lo dibujé a él y a Jorge (aquí de espaldas) que están compartiendo una mesa (los círculos marcados en rojo)

viernes, 25 de junio de 2010

Los hombres somos de un patetismo tremendo frente a los animales depredadores. Hay algo que ellos tienen que es tan perfecto que el hombre cuando los observa pierde la autocrítica, porque no se da cuenta que él también es un animal que siempre asesinó para comer.( ...) No hay remordimiento en ellos, esa cosa podrida del hombre que vuelve sobre sus pasos para ver si le quedó dolor o alegría. (...) Porque la mirada clínica es la que uno tiene para conservar la estabilidad del mundo que nos rodea. No hay una visión clínica en los elefantes o en las ballenas. En cambio, con nuestras cosas queremos saber y operar de alguna manera con una mente que corrija los desfasajes y esa es una de las podredumbres que venimos heredando.

Luis Alberto Spinetta
(del libro Martropía de Juan Carlos Diez - Editorial Aguilar-)

jueves, 17 de junio de 2010

Forever


Hoy en día en que es tan difícil separar las aguas podridas de las cristalinas, de tratar de evitar la inevitable catástrofe de la sandez disfrazada de triunfo futbolístico, siempre se encuentra agua en un oasis aparentemente seco. La excelente radio de música clásica "Amadeus" (me importa un bledo que su dueño haya sido el facho de Hadad) hace tiempo que no emite. Pero su voz principal, Martin Wullich por suerte continúa en la misma tesitura con media hora diaria ("Clásicos en el camino", L a V a las 19 hs), y con dos horas los domingos (18 a 20 hs), por radio Milenium (106.7), donde difunde la mejor música clásica. Un pequeño sorbo de exquisita agua pura que nos apacigua "la sed verdadera" (como bien dice Spinetta). Y como Wullich, no por casualidad, era amigo de Peña, he aquí mi recuerdo del Puto Lindo a un año de su transmutación final, en sus propias encantadoras palabras, tal como Martin conduce siempre sus programas y eventos:

Conocí a Fernando Peña en 1995, cuando el primero de sus personajes -Milagros López- hizo su aparición en la radio. Fue en Horizonte 94.3 , donde yo trabajaba desde hacía 9 años haciendo el clásico "...mientras tanto, aquí, en Buenos Aires, una nueva hora... ¡comienza!".
Desde el principio
me impactó su histrionismo para llevar a cabo ese personaje y los que fueron surgiendo con el tiempo, Revoira Lynch, Palito, Dick Alfredo, la Mega, Sabino... cuando ya recalaba en Rock y Pop con "Cucuruchos en la frente". Horizonte terminó, en 2001, y me llamó pues no quería que "una nueva hora" se perdiese. Durante un buen tiempo apareció mi columna preludiando cada hora en su programa que duraba tres. Jamás se metía en el medio de uno de mis comentarios, que juzgaba interesantísimos, sino que lo hacía antes o después y en boca de algunos de sus personajes, dándole un matiz humorístico notable pues la personalidad individual de cada uno quedaba así plasmada, de acuerdo a lo que dijeran y cómo lo dijeran. Pero también su simpatía, su don de gente, su increíble respeto por quienes teníamos más trayectoria que él y admiraba. De hecho éste respeto lo llevó a redescubrir a otros colegas de la primera época de la radio y rendirles un merecido homenaje para que no cayesen en el olvido. No quería nada a cambio. Nada.

Tan respetuoso era que tenía el don de saber pedir perdón, como si fuera un chico que hizo una macana. Lo recuerdo llamándome y mandando mensajes de texto de disculpa pues se había confundido al darle a una productora el número de teléfono privado de mi casa, que sólo tienen pocas personas, las más amigas. Le hizo borrar y olvidarse para siempre de ese número. Lo recuerdo contando como anécdota una y mil veces la primera vez que vino a mi casa y rompió por una torpeza la pata de una mesita. Cada vez que lo contaba, divertidamente, parecía pedir disculpas una vez más. Era de una transparencia notable. Jamás le escuché decir o hablar algo de alguien que no lo supiera por su propia boca. Y es que no tenía ambages en decir lo que se le pasara por la cabeza a quien consideraba que debía decírselo, en la privacidad o públicamente.
Nunca se calló ante nada. Jamás se medía por las probables consecuencias que esto pudiera aparejarle. Defendía sus pensamientos, su filosofía, sus creencias, y se mostraba tal cual era, mental y físicamente, sin hipocresías. Si alguna vez consideraba que se había equivocado, también lo decía. No escondía nada. Nada.

Después de saber que había ido a ver una de sus obras de teatro, llamaba al otro día para ver que me había parecido. Muchas veces le insistí en que se dejara dirigir, pensando que semejante talento actoral podría crecer aún más si estaba guiado y acotado. Otras tantas le machacaba sobre la extensa duración de las obras. Sobre lo primero me decía que era un imposible, que no soportaba ni soportaría que le dijesen lo que tenía que hacer. Sobre lo segundo -casi como otro imposible para él-, solía repetirme la frase de Baltasar Gracián que había aprendido de mi boca y reconocía muy cierta: -"sí, ya se, Martin, lo bueno, si breve, dos veces bueno...". Ya en su éxito indiscutible, "El Parquímetro", por la Metro, me nombraba como referente en el buen hablar, en las buenas pronunciaciones, siempre con admiración, respeto y, por sobre todo, cariño.
Un cariño que trascendía las fronteras del éter y era captado por sus miles de oyentes. Muchos me decían "cómo te quiere Peña... hoy dijo... bla, bla, bla..." Y yo respondía: "es mutuo". Pues se hacía querer. Y cómo. No medía su cariño como no medía nada. Nada.

Fernando proponía un almuerzo, sin ningún otro motivo que el placer de disfrutarnos, cada uno en su natural locura. Nadie podía creer cuando yo comentaba que él era capaz de poner una fecha y un horario para vernos dentro de 15 días -por ejemplo- y, llegado el momento -sin que durante ese lapso hubiese mediado ni una llamada u otro medio de reconfirmación-, yo entraba al restaurante y ahí estaba él, sólo. O con su novio -así conocí al encantador Javier de Nevares- o con más amigos y amigas que aseguraba que yo debía conocer por distintas razones. Era sorprendente. Son los pequeños detalles los que hablan de alguien. Además de su talento notable, su formalidad intachable, su palabra que jamás lanzaba al viento, su increíble cultura, su rapidez, su inteligencia, su cariño incondicional, he de destacar una generosidad superlativa que compartía con todos sus amigos, compañeros y colegas. Solía decir que ganaba muchísimo dinero, y ese dinero lo gastaba a manos llenas, invitando siempre, viajando y trayendo un pensado regalo para cada uno. Pero no sólo lo era con el dinero, sino también con los sentimientos, con lo que alguien pudiera necesitar y él tuviera la mínima posibilidad de dar. Era capaz de mover cielo y tierra. No especulaba con nada. Nada.

La última "aventura" que vivimos juntos surgió de su imaginación. Me invitó a su programa una mañana para entrevistarme y "al aire" me dijo que quería que lo llevara a volar. Nunca lo había hecho en un helicóptero, a pesar de las incontables horas que tenía como tripulante. Confesó que le había tomado cierto temor, pero que quería hacerlo y... no sólo eso... sino transmitir desde arriba en directo su programa de radio. Después del vuelo estaba feliz, exultante, como un chico.
Durante semanas insistía en que todo el mundo debía hacerlo y prometía hacer un sorteo y regalar él ese vuelo al oyente que ganara. Cuando estaba convencido de que algo era bueno, era una tromba publicitándolo. Cuando estaba convencido de que algo no era bueno, era la CNN advirtiéndolo. Tenía una energía envidiable, colosal. Ni el alcohol, ni las drogas, ni su crónica enfermedad pudieron detenerlo. Nada.

Pero llegó su momento en forma sorpresiva, con un fulminante ataque a un órgano vital, casi de la noche a la mañana. Y lo sorprendió, a él, que vivía sorprendiendo a todos. La radio y el teatro -junto a otros medios- han perdido un artista que se entregó en cuerpo y alma. Yo he perdido un amigo entrañable. Un loco lindo (no quiero decir lo que el quería que le dijeran, pues sabía que no
me gustaba). Por eso, si te preguntan por Fernando Peña, decí que siempre lo dió todo. Y jamás pidió nada. Nada.

Martin Wullich

viernes, 11 de junio de 2010

MORe, moRe, mOrE....


De repente era todo blanco, con esa luminosidad que hiere los sentidos.
Me desperté de un sueño extraño, en el que volvía a nevar sobre Buenos Aires.
La particularidad del mismo era que también me despertaba de otro sueño y ahí en el estar de mi casa, estaba mi viejo que me decía que no se sentía tanto el frío de la vez anterior del 9 de julio de 2007, porque estaba haciendo 3 grados Cº.
(mi viejo murió en 1993)
Yo mientras tanto miraba el parque seminevado a través del ventanal.

De repente era todo blanco por el sol radiante que acariciaba el cuerpo de ella desnudo, tendido sobre la roca al lado del mar Mediterráneo. Los pasajes de una isla que siempre soñé y que solía dibujar mientras escuchaba los discos de Pink Floyd, ahora tenían sentido a través de los leños encendidos en la estufa luego de una trasnoche incesante de películas de cable y del mejor jazz.

Transcurría un lunes de principios de junio, descansado y sin obligaciones. Y justamente en el otro hemisferio el verano se aproximaba para bañar con su cálida luz la mítica isla del eterno hedonismo.
Amparado en las substancias prohibidas la amplitud de su mirada también me abarcaba desde este lugar y lo que imaginé fué.

De Alemania vine y también hice el amor en París. Tal vez el destino me espere en Ibiza como a Stefan, tal vez allí se conjugue la luz mediterránea y la atípica nevada de Buenos Aires, el rock nacional y la psicodelia de finales de los ´60.
Y Stelle me espere con un porro entre manos, con su mejor máscara de muerte bienhechora.