Andaba con ganas de postear algo de la Maravilla que nos contiene a la que llamamos Universo, unidades astronómicas de cuánticas energías que convergen desde fascinantes estudios aglutinados en la Física Teórica. De hecho es lo que ahora me está dando sentido.
Sentido encontrado desde aquél inolvidable atardecer en que se me fué revelando lentamente detrás de la brumosa llovizna como en un sueño (que sí había soñado) el hermoso edificio del Museo de Ciencias Naturales, lleno de gatos en pleno Parque Centenario. Esos derroteros que te transcienden y te re-ubican en la espiral correcta.
O postear algo de la sensación incomparable que produce meterse en una cueva a escuchar Jazz en vivo, sin las artificiosas producciones marketineras ó las poses militantes de otros estilos musicales.
Pero las cosas se suceden tan rápido, que a veces trascienden tu propia trascendencia...la que al final se te va quedando algo olvidada.
Y es así como vos también te vas muriendo un poquito. Como cuando desapareció Blackito (al que le curé el ojo surcado por un rasguño producto de reyertas gatunas) igual que desapareció el Naranjín (gato de algún vecino) al que últimamente se lo veía enfermo.
Hasta que te toca todavía más de cerca y ya te morís un montón....como en ésta tarde, en que se fué el Negro (Gordo Trolo como me gustaba apodarlo, por lo grande y cariñoso que era). Se fué, al menos llegué a casa a tiempo para despedirlo y despedirme.
Y retornan todas esas sensaciones de mierda que creíste haber olvidado, y ese vacío que no se llena de estrellas ni de galaxias ni de energía ni de partículas ni de anti-partículas, ni de otros universos y dimensiones a los que querés imaginar que todo lo que vivió en éste se va de alguna manera para allá.
Pero no, después de una calurosa jornada, en ésta trasnoche solo se hace presente la lluvia para asentar la tierra de su tumbita.
Y asentar también como una irrevocable sentencia el dolor de su ausencia.
Alguien podrá decirme: ¿tanta historia por un gato, por una mascota?
Y sí loco, la vida no tiene jerarquías. Toda existencia que se esfuma merece el respeto por el solo hecho de haber existido.
LUZ, LUZ, LUZ

















